jueves 4 de junio de 2009

En Memoria.

La observo con disimulo mientras mira concentrada la pantalla de su ordenador. Su barbilla, casi un seudópodo, convertida en un sentido más, se aproxima terca al monitor mientras sus ojillos se empequeñecen imposiblemente. Me llega el eco de su conversación, casi nula, sustituida de repente por el lento sonido de su dedo índice sobre el ratón.
Juraría que su estudiada mirada no es otra cosa que una pose, conseguida tras años de esfuerzo y temor por ocultar su profunda ignorancia.
Dicen que el sano cotilleo es bueno para mitigar el estrés. Pues eso...

viernes 24 de abril de 2009

Soy tu esclavo.


De todos sus esclavos, siempre me he considerado, humildemente, el favorito. Pero ha tenido que llegar la primavera para verme, de repente, colmado de atenciones, mimos y cuidados. Diríase que quisiera presumir de mí, yo que hasta ayer permanecía encerrado, ajeno a las miradas, con la dolorosa sospecha de que se avergonzaba de mí, de mi aspecto carente de glamour –hasta ese punto me mantuvo oculto- .

Observo, henchido de gozo, sonrosado y brillante de satisfacción, como ella, oh ama dilecta, repara en mi indigna existencia. ¿Me equivoco, o tal vez hay un atisbo de aprobación en su mirada? Soy su preferido, no hay duda: he sido el primero de sus esclavos en ser presentado en sociedad. Me lleno de orgullo pensando en ello, mientras me arrastro para asomarme sumiso al minúsculo balcón que ella, mi ama, mayestáticamente erguida sobre mí, me ofrece.


Desde la atalaya de sus sandalias… Siempre a sus pies, mi ama adorada.
Firmado: Tu dedo gordo.

lunes 23 de marzo de 2009

El día perfecto.



10,30 p.m.

Me caigo de sueño. Y la peli no ha hecho más que empezar. Malditas interrupciones publicitarias. Tras dos anuncios de cosmética, decido no insistir y me voy a dormir.


7,30 a.m.

Tras aplicarme concienzudamente la crema hidratante, constato ante el espejo que mis patas de gallo imaginarias se han atenuado. Mi piel resplandece, más firme, tonificada y tersa. Igualito que en los anuncios. Bendita publicidad.

Me tomo un café aromático acompañado de la tostada perfecta, mientras repaso mentalmente el contenido de mi armario. Saco un brazo por la ventana, para hacerme a la idea de la temperatura exterior. Decido alegrar la mañana de los usuarios y me capuzo un escote. Me cuelgo del brazo mi fantástico bolso comprado en las rebajas y bajo en el ascensor asfixiando al vecino con mi perfume perfecto. Ya en la calle, no he dado más de veinte pasos y... Todo deja de ser como en un anuncio. En fin, mañana será otro día.

sábado 21 de marzo de 2009

Mininanny.


A partir del lunes mi vida va a cambiar radicalmente, seré más feliz, o al menos eso espero: dispondré de dos horas libres diarias porque al renacuajo portador de mis genes le recogerá del cole una canguro. No es la supernanny de mis sueños, pero va a aliviar considerablemente mi agotadora cotidianeidad.

Últimamente, las jornadas se me antojan cuasi eternas. La poca paciencia que me ha sido asignada la consumo por entero en el trabajo. Para ser exacta, en el primer cuarto de hora, para qué nos vamos a engañar. Soy consciente de que alzo la voz cuando me exaspero porque alguien no me entiende, o se enroca en su negativa a hacerlo, básicamente porque no le gustan mis respuestas. Ay, pero qué trabajo más frustrante... El viernes a más de uno/a de los indecisos que vinieron a solicitar cursos, les hubiese anotado el curso de Prospección Anal. De haber encontrado el código, lo juro. Y lo peor es que se me notaba en la cara. Tal vez, y sólo digo tal vez, lo mío no sea la atención al público.

martes 10 de marzo de 2009

Quereres.

Ahora es una de las personas que más irritación me produce. Sin embargo, hasta no hace mucho, despertaba mi admiración. Siempre pensé que, de haber querido, hubiese conseguido lo que se hubiese propuesto, tan inteligente me parecía... En ocasiones, era tal mi frustración, que la animaba una y otra vez a estudiar, a escribir, a hacer algo distinto que aprovechase lo que a mí se me antojaba un enorme talento desperdiciado.

De niña, cuando me enviaba a la cama recién empezada una peli, le hacía prometer que me la contaría al día siguiente. Cuando lo hacía, y se podía tirar una hora y media larga, la escuchaba absorta, embelesada, pendiente de su intenso relato. Ya de mayor, cuando llegué a ver alguna, descubrí que era ella la que mejoraba aquellas pelis mediocres. Hubiese sido una excelente guionista. Hubiese podido ser lo que hubiese querido.

Durante mucho tiempo, la casa de mis padres fue un lugar bullicioso, lleno de gente que nos visitaba con frecuencia, mis amigos solían venir a menudo, encantados de compartir charla, bromas, juegos y confidencias con mi madre. Hubiese jurado que me envidiaban. Yo presumía, henchida de satisfacción, de tener la madre más enrollada del mundo. En parte me duele recordar todo aquello cuando la veo ahora. Porque mi madre, de haber querido... Pero su querer, por lo visto, siempre fue el mismo.

Mi madre es una gran referencia para mí. Gracias a ella soy consciente de lo erróneo y autodestructivo que es amar con tal desmesura. Y en lo que te puede llegar a convertir.
Mi frustración ha dado paso a la pena, la pena, a más frustración... Es un maldito bucle del que ni el mejor de los psicoanalistas saldría airoso. Me temo.

miércoles 4 de marzo de 2009

Otra vez tarde, a.m.

Se me ha vuelto a hacer tarde con el niño, algo que se viene repitiendo para mi fastidio, así que he cogido el coche y conduzco de un humor de perros camino de la oficina. Sé que ocurrirá algo que me pondrá aún más frenética. No es que sea agorera, siempre ocurre. Tal cosa sólo se evitaría si las calles estuviesen desiertas a mi paso. Circunstancia harto improbable por lo que veo: el llegar tarde por las mañanas está de moda.
Espero en un cruce mientras una señora y yo nos observamos. Algo en su mirada bovina me alerta. En efecto, ella, a su vez, espera que yo arranque para -entonces y sólo entonces- cruzarse ágilmente en mi camino.
Ambas somos presas de una profunda irritación: ella, por no haber conseguido su propósito de ser atropellada y yo porque me he debido comer el dibujo de las ruedas con el frenazo.
Por encima de mi disgusto, reconozco el hallazgo. Era una suicida paciente, de eso no hay duda.

jueves 5 de febrero de 2009

Cumpleaños fatal.

Otra vez es mi cumple. ¿Cómo es posible cumplir cuarenta y tres, si hace nada interioricé que tenía cuarenta y dos? Por fin he llegado a una edad en la que no me hace mucha gracia lo de cumplir años. Ya sé lo que se siente. Me quedan dos telediarios para llegar a cifras realmente feas. Ergo, ya soy mayor. Es un hecho.

Dudo entre una visita de urgencia al druni para hacer provisión de antioxidantes en crema o inflarme a bombones. Me decido por esto último, al fin y al cabo me suena que el chocolate también tiene de eso, y encima sabe bien. Pero nada me consuela.

Las neuronas que me quedan, de lo mejorcito de su promoción, tratan de consolarme. Piénsalo bien, la juventud está sobrevalorada. No es algo tan bueno.
Y un cuerno -me rebelo-, parecer joven es divertido. No es que quiera ser joven, que no quiero, lo que me gustaría es estarlo. O parecerlo al menos. Joven, joven, joven… Repito la palabra como un mantra hasta que pierde todo su sentido. Qué asco. Creo que éste va a ser mi último cumpleaños oficial. O al menos, es lo que me aconsejan, cómplices, mis neuronas añosas.